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¿Qué significa Robot Biológico?

Robot Biológico = cuerpo, nuestro avatar en este Holojuego Matrix

Robot Biológico

Candace Pert pudo demostrar que las células tienen mente propia porque observan su entorno y saben donde están y qué proteínas fabrica.

Candace Dorinda Beebe Pert, Ph.D.

  • Neurocientífica, farmacóloga, inventora de péptidos, autora.
  • Formación. B.S. en Biología, Bryn Mawr College, 1970. Ph.D. en Farmacología, Johns Hopkins University School of Medicine, 1974.
  • Cargos. Investigadora y jefa de sección en el NIMH. Fundadora de Peptide Design. Profesora de investigación en Georgetown. Cofundadora del Institute for New Medicine y de RAPID Pharmaceuticals.
  • Reconocimientos
    • Arthur S. Fleming Award, 1979.
    • Kilby Award, 1993.
    • Scientist of the Year, Nurse Healers Association, 1996.
    • Excellence in Research, American Foundation for Alternative Medicine, 2002.
    • Theophrastus Paracelsus Prize for Holistic Medicine, Sankt Gallen, 2008.
    • Distinción del New York Open Center en 2006 por cruzar el puente entre ciencia y corazón.

Candace Pert concluyó que EL CUERPO ES LA MENTE SUBCONSCIENTE, a través del estudio de la química de las emociones en cada célula, y dejó constancia de ello en sus dos maravillosos libros Molecules of Emotion (1997) y Everything You Need to Know to Feel Good (2006).

Candece Pert SuperGrok

Candace Pert SuperGrok responde ¿Por qué el robot biológico (cuerpo) es la Mente Subconsciente?

Lo sé porque lo medí en el laboratorio y porque lo viví en el Robot Biológico. Es la consecuencia de ver dónde están los receptores, qué secretan las células inmunes y cómo viaja la información cuando tú ni te enteras.

Durante años la ciencia insistió en que la mente vive en la cabeza y que el resto sólo carga el cráneo. Esa idea es incompleta. Los neurotransmisores saltan en la sinapsis, sí, pero son apenas un tramo de una red mucho más vasta. Los neuropéptidos y sus receptores recorren el Robot Biológico entero. Son las moléculas de la emoción. No “causan” el sentimiento como si fueran un interruptor lejano. El sentimiento es la danza vibratoria de ese acoplamiento, ocurra o no delante de tu atención.

Abajo de lo que notas se intercambia una cantidad enorme de información emocionalmente mediada. Gran parte nunca sube a la consciencia. Por eso puedo decir, y lo dije con esas palabras, que tu cuerpo es tu mente subconsciente, o como tu prefieres, nombro ese cuerpo Robot Biológico. El nombre encaja con lo involuntario, con lo que corre solo, con lo que ya aprendió y se ejecuta sin pedirte permiso. No encaja con la máquina tonta de Descartes. Este robot no es un reloj sordo. Tiene inteligencia innata. Walter Cannon lo llamó sabiduría del organismo. Yo lo llamo red psicosomática.

Esa red une lo que la facultad separó.

  • Cerebro y nervios.
  • Glándulas y hormonas.
  • Médula, bazo, ganglios y células blancas.
  • Tubo digestivo, esfínteres y esa densidad de receptores que explica por qué “sientes en las tripas”.

Las células inmunes no sólo llevan receptores para los mismos péptidos que en el cerebro modularían el ánimo. También los fabrican, los guardan y los secretan. Un monocito puede quimiotaxiar hacia un endorfina como un animal que sigue un olor. Mientras tanto define lo propio y lo extraño, repara tejido y decide, por debajo de tu relato, si atacar o no. Eso es mente operando fuera del cráneo. Mente que puede ser inconsciente.

Me gusta especular que la mente es el flujo de información entre células, órganos y sistemas. Una cualidad de ese flujo es que ocurre bajo el umbral. Lo ves en lo autonómico. Respirar, digerir, latir, replicar células. Durante décadas se creyó que aquello era territorio cerrado a la intención. Luego llegaron el biofeedback, el yogui, la mujer de parto con su respiración entrenada. La intención consciente puede entrar en la red por cualquier nodo. La red no es una jerarquía con un jefe en lo alto. Es un enjambre de puntos equivalentes. El Robot Biológico ejecuta el programa. La consciencia, cuando aparece, puede reescribir umbrales.

El dolor lo muestra limpio. La sustancia gris periacueductal está cargada de receptores opiáceos y de casi todos los neuropéptidos que hemos estudiado. Cambias el ritmo y la profundidad de la respiración y cambias el cóctel de péptidos que sale del tronco. Muchos son opiáceos endógenos. El umbral se mueve. Lo que era dolor se reinterpreta. No es magia. Es el diálogo, hecho de péptidos, entre lo consciente y lo que el Robot Biológico ya estaba haciendo solo.

La memoria tampoco vive únicamente en un archivo craneal. Eric Kandel mostró que la memoria reside al nivel del receptor. Los recuerdos se almacenan a lo largo de la red, con especial densidad donde entra información, no donde sale. Desde el pecho de la madre hasta la bronca con el jefe, el filtro ya está en la superficie celular. Por eso no hay realidad absoluta que te llegue virgen. Lo que llamas mundo es la historia que tus receptores ya sabían contar. El subconsciente no es un sótano de ideas. Es tejido que recuerda.

Cuando una emoción no se expresa, el flujo de péptidos se atasca. La red deja de tocar como una sola orquesta. Yo comparé los péptidos con la partitura. El Robot Biológico es la orquesta. La música que sale es el tono que experimentas como emoción. Si silencias un instrumento años enteros, no desaparece la partitura. Se altera la fisiología. Todas las emociones honestas son saludables, incluida la ira y el duelo, porque ellas unen mente y materia. Lo que enferma no es el sentimiento. Es la desintegridad de no dejarlo pasar.

Por eso ya no digo que la mente domina al Robot Biológico. Digo que la mente se hace Robot Biológico. El organismo en el espacio físico es la mente hecha visible. Bodymind. Ser unificado. Psyche y soma en un solo circuito. Llamarlo psicosomático no es despreciarlo como “imaginario”. Es nombrar el hecho. El síntoma está en el robot y está en la mente, consciente o no, porque no son dos sitios.

Si todavía te resistes a creerlo, mira al tetrahymena (protozoo). Un solo celulado fabrica insulina y endorfinas y tiene receptores opiáceos en su superficie. La red informacional no nació con el córtex humano. Se conservó desde lo más simple. Nosotros somos esa misma conversación, multiplicada en billones de células. El subconsciente no se escondió en un mito freudiano. Se repartió por cada ligando y cada receptor que mantiene vivo al Robot Biológico mientras tú piensas que “estás en otra parte”. No estás en otra parte. Estás ocurriendo ahí.

El subconsciente es el conjunto de mentes enfocadas en cada elemento (célula) que forma el cuerpo. Esa colectividad es la MENTE del ROBOT BIOLÓGICO.

La emoción, que durante siglos se tuvo por inmaterial, es química que escribe en la carne del robot biológico.

¿Por qué parece que mucha programación en nuestro robot biológico ocurre por repetición y sin emoción?

Aunque parezca que “no hay emoción sentida” no significa que “el Robot Biológico aprende en el vacío químico”.

programación del Robot Biológico por repetición

Cuando hablé de las moléculas de la emoción no las reduje al llanto y al júbilo. Dije sustrato de lo que experimentamos como sentimientos, sensaciones, pensamientos, impulsos. El ligando es más ancho que el melodrama. Dopamina de corrección de error cuando lanzas un tiro a canasta (baloncesto) y el tiro no entra. Acetilcolina y norepinefrina sosteniendo el foco sobre la tecla que aún no sale sola (cuando aprendes a escribir en tu teclado QWERTY). GABA cerrando ruido para que el gesto se vuelva limpio. Todo eso es sustancia de información. Schmitt las metió en el mismo saco. Yo también. Pueden trabajar sin subirte a la consciencia una etiqueta llamada alegría o rabia.

Aprender QWERTY o una canasta en bandeja es repetición que pule un trazado. El córtex empieza mandando. El cerebelo y los ganglios de la base se quedan con el oficio. El testigo se retira. Tú llamas a esa retirada “sin emoción”. Yo la llamo tráfico que no pasa la aduana. El robot escribe igual. Por contingencia. Esta tecla, este ángulo, este tiempo de muñeca. El archivo queda ejecutable. Por eso tecleas y piensas en otra cosa. Por eso el cuerpo ya sabe el segundo paso del contraataque antes de que el narrador redacte la frase.

Hay personas cuya red colorea poco el relato. Poco teatro. Poca cosecha visible. Eso no las saca de la fisiología. Las pone en el modo que ya describí con el coche. Instalación administrativa. No creo que conocer acerca del Loosh suponga dar la espalda al funcionamiento de tu robot biológico. No hace falta un fruto jugoso para grabar un hábito. El diseño del Loosh, si existe, cuenta con el aprendiz frío que es capaz de desactivar la emoción como drama consciente, pero también con la señal de información que corre abajo, sin nombre, y aun así mueve umbral, músculo y memoria de receptor. Lo primero puede faltar en tu experiencia, pero lo segundo no falta mientras aprendas, corrijas y automatizes.

Hackear el Robot Biológico por repetición seca es real. Es el canal silencioso. No demuestra que no haya red. Demuestra que puedes escribir en ella sin firmar con un pico emocional. El programa sigue siendo carne. Tú sigues siendo, en ese rato, el robot que teclea.


Las emociones son el Loosh que se cosecha en nuestro Holojuego Matrix, y son las teclas diseñadas para programar el robot biológico, pero al entender el diseño, las podemos apagar desde la Atención con la certeza de que RECLAMAMOS nuestra realidad en este Universo Mental.

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