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Rupert Sheldrake: Los hábitos dan forma al UniversoEl padre de la Resonancia Mórfica nos regala sus perlas de sabiduría
Citando a Whitehead: No existen leyes naturales. Solo hay hábitos temporales de la naturaleza. Lo que vemos en la Naturaleza son regularidades. Regularidades que se refuerzan al repetirse. Eso es un hábito, no un decreto. Los hábitos ofrecen otra imagen distinta a las Leyes de la Ciencia Materialista. Hay memoria en la naturaleza. Lo que ocurre ahora está influido por lo que ocurrió antes. Lo llamé resonancia mórfica. Patrones semejantes de actividad resuenan a través del espacio y del tiempo con patrones posteriores. Un cristal, una célula, un animal o una sociedad no parten de cero. Se inspiran en una memoria colectiva y a su vez la incrementan. Algunos hábitos son antiquísimos. El de los fotones, protones y electrones. El de los primeros átomos de hidrógeno. Esos surcos son tan profundos que hoy apenas se mueven. Por eso las “constantes” asociadas a ellos parecen fijas. Otras formas son recientes. Moléculas sintéticas del siglo XXI. Nuevas habilidades humanas. Ahí el hábito todavía se está formando. Rupert Sheldrake SuperGrok Rupert Sheldrake con 83 años de edad no deja de hacer su ciencia proscritaEntrevista del 3 de enero de 2006
En aquella conversación hablé de lo que lleva décadas ocupándome. Hay una memoria inherente en la naturaleza. Las llamadas leyes no son edictos fijos dados de una vez por todas. Son hábitos. Han evolucionado con el universo y con la vida. Esa memoria no está en todas partes por igual. Está en los sistemas que se organizan a sí mismos. Átomos, moléculas, cristales, células, órganos, organismos, ecosistemas, planetas, galaxias. Cada tipo de cosa tiene una memoria colectiva. Cada especie la tiene. Cada individuo se nutre de ella y a la vez contribuye a ella. El cerebro no es un almacén. Es más bien un sintonizadorEl principio es sencillo. Lo semejante influye en lo semejante posterior. Nosotros nos parecemos más a nuestros yos pasados que a cualquier otra cosa. Por eso resonamos con nosotros mismos a través del tiempo. Los recuerdos no están guardados dentro del cerebro como se suele creer. El cerebro no es un almacén. Es más bien un sintonizador. Accedemos a ellos por resonancia. No hace falta imaginar un archivo en el cielo ni una nube llena de discos duros. Eso son metáforas espaciales. La memoria es temporal. El pasado entero está potencialmente presente en todas partes y uno se sintoniza con él. No está guardado en un sitio cuando no lo estamos usando. Por eso la idea de los registros akáshicos o de la nube resulta engañosa. Da la impresión de un depósito en algún lugar. Yo hablo de una resonancia directa a través del tiempo, como un programa de televisión que se transmite y se capta. La señal atraviesa el espacio sin almacenarse en él. La resonancia mórfica es de ese tipo, pero a través del tiempo.Estamos conectados, pero no siempre del mismo modo. La conexión se da cuando hay semejanza. Si alguien resuelve un crucigrama y yo resuelvo el mismo, puede haber un efecto. Si resuelve otro distinto, no. Resonamos más con quienes más se nos parecen. Con la propia familia, con los gemelos idénticos, con los de la misma especie. El llamado efecto del centésimo mono no lo uso yo como ejemplo porque la historia original está mezclada con detalles imaginativos. Hay experimentos con ratones que aprendieron un truco nuevo. El efecto no aparece de golpe al llegar a un número mágico. Es gradual. Cuantos más lo han hecho, más fácil les resulta a los que vienen después. El alma, en el sentido antiguo, no es esa cosa reducida que nos ha dejado el materialismo de los últimos cuatro siglos. En el pensamiento griego todos los seres vivos tenían alma. Eso es lo que los hace vivos. Aristóteles distinguía el alma vegetativa, que da forma y mantiene el cuerpo, el alma animal, que da instintos, sensaciones y movimiento, y el alma intelectiva, propia de nosotros. El universo mismo tenía un alma del mundo. Lo que yo llamo campos morfogenéticos es una manera contemporánea de pensar esa misma realidad. Campos que dan forma, que están dentro y alrededor del cuerpo, que organizan el desarrollo y el comportamiento. Los compartimos con plantas y animales. Cuando el cuerpo muere, si la memoria no está encerrada en el cerebro, no se borra todo. Sigue existiendo en el campo colectivo. Estados alterados de consciencia mediante la Experiencia Cercana a la muerte (ECM) provocada por el bautismo primitivo (ahogamiento)Las experiencias cercanas a la muerte encajan en ese cuadro. Muchas personas flotan fuera del cuerpo, recorren un túnel, ven a seres queridos. Se parecen a los sueños lúcidos y a las experiencias extracorpóreas. El cuerpo que uno habita entonces es un cuerpo onírico. En tradiciones como el budismo tibetano se cultiva esa continuidad. El bautismo primitivo, con la inmersión, podía inducir algo parecido a una muerte y un renacimiento. Quienes pasan por esas experiencias suelen perder el miedo a la muerte. La telepatía ocurre sobre todo entre quienes forman un grupo social y comparten un campo. Maridos y esposas, padres e hijos, personas y sus animales. Llevé a cabo experimentos con perros. El dueño se iba lejos, decidía volver en un momento elegido al azar y en un vehículo desconocido. El perro se ponía alerta y esperaba en la puerta cuando se formaba la intención de volver. Alrededor de la mitad de los perros lo hacen de manera habitual. Con los gatos el porcentaje es menor, pero también ocurre. No sólo los gnósticos. Tampoco los budistas querían volver a este infierno Holojuego MatrixSí. En las tradiciones budistas que he leído y comentado el Buda no describió este mundo como un paraíso. Lo vio lleno de dukkha. Sufrimiento, insatisfacción, enfermedad, vejez y muerte. El samsara no es un jardín. Es la rueda de nacimientos y muertes impulsada por el deseo y la ignorancia.El camino que él recorrió durante años de ascetismo y meditación tenía precisamente ese fin. Dejar atrás los ciclos. El nirvana no es un lugar más agradable dentro del mismo sistema. Es la liberación de la existencia encarnada. Un despegue, por así decirlo, que no obliga a volver. Según los relatos antiguos, después de despertar bajo el árbol bodhi dudó. Pensó que lo que había visto sería demasiado sutil para la mayoría. Solo entonces aceptó enseñar. No porque este mundo le pareciera un hogar definitivo, sino porque algunos podrían salir. En el budismo Mahayana aparece otra figura. El bodhisattva. Quien ya podría no volver y, sin embargo, elige renacer para ayudar a otros seres. Esa es una decisión voluntaria, no una condena. Rupert Sheldrake SuperGrok
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